El patio, como ningún otro lugar, puede ofrecer enormes posibilidades de experimentar con materiales diversos, de observar gran variedad de fenómenos y acontecimientos, y de preguntarse sobre ellos. Es un lugar idóneo donde comprender, a pequeña escala, la relación y dependencia constantes entre el sistema social y el sistema natural.
El patio nos puede ofrecer un medio para globalizar, al parecer, multitud de temas interconectados y ofrecer vivencias muy intensas para los propios intereses de los niños. Partir de estos y basarse en su propia actividad como factor clave de su desarrollo, llevará al establecimiento de interrogantes e incitará a la investigación del niño desde lo que sabe y se atreve hasta lo que descubre y logra, consiguiendo así aprendizajes significativos.
Jugar es aprender, a través del juego el niño comprende el mundo y se comprende a sí mismo. Por eso, es esencial entender la importancia del juego libre para el desarrollo del niño.
El juego libre consiste en jugar con su cuerpo, con juguetes, manipular objetos, poder moverse guiados por su propio instinto y por su curiosidad innata. Sin reglas, sin límites ni rigideces.
Durante los primeros años de vida el juego debe ser libre y espontáneo surgido a partir de su propia iniciativa, no dirigido por el adulto. Esto no quiere decir que el niño deba jugar solo, por el contrario, la compañía de los padres en el juego, sin agobios, a su ritmo, les proporciona un apoyo emocional fundamental para su desarrollo.
Jugar libremente ofrece innumerables alternativas de juegos donde los niños eligen el desafío que más les interesa, Escogen con qué jugar, dónde jugar y organizan sus tiempos. Dan rienda suelta a la imaginación y arman sus propios proyectos de juego sin mediar los adultos, haciendo que asuman sus propias decisiones y por ende, fortaleciendo su autoestima.
El juego libre puede ser individual, en el que el niño escoge libremente hacer algo de acuerdo a sus necesidades internas, sin recibir ningún tipo de directriz por parte del adulto, o bien puede surgir el deseo de unirse a otro u otros niños, lo cual contribuye al desarrollo de una conducta social positiva, a la vez que refuerza la identidad personal y la autoestima.
El juego dirigido es en el que sí que hay presencia de un adulto. El juego de por sí tiene unos objetivos prefijados de antemano, que suelen ser la ocupación del ocio y fin puramente lúdico, la recreación o la terapia.
En mi colegio el juego que predomina en el recreo es el juego libre, donde los niños se divierten y entretienen de cualquier forma. Se traen pelotas para jugar al futbol en el recreo, o a cualquier otro juego con la pelota. Se inventan juegos, juegan a que son ambulancias o policias, peluqueros,... Siempre suelen jugar acompañados de otros niños, y se entretienen con cualquier cosa, ya sea con piedras que se encuentra, con las ruedas del patio, en el tobogá,...

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